Y hay va la amiga filosa metalica en mi piel. 1, 2, 3, o más. Mi tono de piel no logra distinguir los rasguños. Mañana serán café.
Puedo contar fácilmente la cascadas que caen en mis ojos. La angustia, la pena, el odio, la culpa, un asesinato. Sólo en mi mente. Sólo puedo escribir ahí, porque mis dedos dicen lo contrario. Puedes encontrar toda una sopa de letras, letras por doquier en lugares equivocados. Por eso nunca he podido tener una buena redacción aunque lea todos los días las reglas de la dramática.
Y es así para todo hay reglas, quién rompe esas reglas es un traidor.
Y vayas que si de traiciones hablamos, creo que seria la más indicada. ¿Cuándo deje de creer que no puedo poseer nada? ¿Cuándo deje que mi vicio tomará posesión de mi?
Salgo muy temprano, aún la mañana es oscura, hace mucho frío, siempre me molesta cargar mucho, pero mi mochila parece un pequeño campamento no quiero que me falte nada.
Es tarde, no puedo correr rápido, me falta el oxígeno, siento que no puedo respirar.
Pi= 3.1416
Vamos llora, quiero que llores, ¡LLORA!
Escucha los susurros, las carjadas al fondo, y el drama a la vuelta de la esquina. Escuchó la voz de los poco lectores en su mente, sólo digo cosas sin sentidos.
Converso, narro, aconsejan, pero se van. Que puede hacer un cráneo con un dolor intenso y unos ojos hinchados.
Sólo ver danzar a los dedos. Vicio.
Sólo está rasguñada, y no hay más.
Por eso estoy maldita, una maldita, huyan sombritas del foco, una maldita. Paren de danzar y huyan que hay una maldita.
No te escuchan.
No trataré de ahogar mi penas, porque ellas me ahogarán primero a mí.

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