Miro la banqueta, cada unos de los tabiques, cuento 1, 3, 5.... números primos. Un gran parecido.
Puedo mirar a las personas correr de un lugar a otro, "seguro que no las volveré a ver". Eso es lo más cierto, el tiempo es como un rey que esclaviza a su siervos.
De mientras veo como los rayitos de sol juguetean con mi piel, y el aire peina mis cabellos negros. Mi ropa oscura provoca mi exceso de calor en el cuerpo y entonces comienza a llorar, mi cuerpo llora y se refresca.
Subi al camión, detesto que mi manos huelan a metal pero no hay otra opción. La física dice que cuando un coche frena tiendes a irte hacía adelante, ¿inercia o simple movimiento? no lo sé, soy pésima para la física. De mientras los niños de atrás juegan, se dicen groserías; supongo que es normal; el decir grosería es como sentirme mayor y aceptado, eso es por naturaleza, y por un momento olvidé su necesidad de la personas a apresurar el tiempo.
Tic, Tac... Suena los relojes de pared, de mueca, de adorno. Tic, Tac... no para de gritar.
Subo el camión. $5.00 Es justo el precio de la gasolina aumenta, mientras Karl Marx y su libro "El capital" se ríe de los tan necesitados funcionarios públicos.
El anciano sube, trae algún instrumento la cuál he olvidado su nombre. Toca con ritmo, pero no es una tonada, no canta sólo toca. Su mirada es como la de un niño cuando pierde a su madre de vista, hay necesidad, hay hambre, hay desesperanza. Comienzo a llorar. Me molestó por eso, saco mi moneda de más valor, pero ¿que gano o gana él con esto?, sólo me da lástima, sólo doy unas cuántas monedas, porque no darle mi quincena entera si tanto me molesta su mirada. Se fue, y no lo vi volar.
Entonces me preguntó: " ¿"El contrato social" de Rousseau es un simple adorno?", es
Entonces "Martina y los hombres pájaro" viene a mi mente, migración y su "En busca de la felicidad", nuestra felicidad como sociedad es el capital.
Si Karl Marx ríe a carcajadas, parece que puedo escucharlo reir. Al menos alguien ríe.
Es la hora es que dejo correr mi palabras a la banca de enfrente, le demuestro mi culpabilidad.
Llegó el instante en que un chico se me acercó e intentó besarme, físicamente se le diría "nada mal" pero yo no recibo ósculos de la nada.
Mas tarde "Los miserables" son tan miserables, una estupidez mi pensar, un personaje virtuoso y una sociedad corrompida, una sueño de utopía, una inspiración religiosa, y una película sin terminar.
Ahora el viento corre frío, el clima me dijo mentiras, anunció calor. Mi ropa negra ocultó mis brazo y mis cabellos se convirtieron en bufanda. Las calles se volvieron monstruos de hielo y el viento su alías.
En este momento sólo escribo y escribo, como si las letras me obligaran, me devoraran.
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| Martina y los Hombre pájaro. |

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