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viernes, 12 de julio de 2013

Atroz

Al subir, me miró, sentí como sus dedos acariciaron los míos mientras dejaba la moneda sobre su manos. Puede que yo me estoy imaginando cosas.

Afortunadamente hay lugar donde sentarse.

Los audífonos retumban en mis oídos, la canción famosas por temporadas suenan, y la voz agradable del locutor es muy dulce. Creo que va a llover, es un día caluroso pero nublado, me gustaría que granizará, tiene tiempo que no veo granizar o jugar con las esferitas de hielo que caen como balas.

De un momento a otro todo se vacía. Absolutamente todo. Sólo quedamos él y yo.

- Va hasta Cuitláhuac ¿verdad?- pregunté.
-Sí- y me miró con esa morbosidad que odio de los hombres.

Donde estaba sentada podía ver mi rostro, y mis labios y uñas rojas. Mi cabello suelto, y mis ojos con el delineador oscuro arriba de la pestaña.

Me dije- una viva imagen de una puta-.

Siguió avanzando, no quise darle prioridad a mi paranoia. Aunque esa alarma no dejaba de retumbar diciendo- Bajate aquí, bajate aquí.

Sólo estaba a unos metro mi destino. El camión se detuvo. Me asusté. Sólo miraba por el retrovisor.

Decidí bajar.

-Bajan por favor- dije, con una calma, como si no tuviese angustia en mi mente.

El sólo miró por el retrovisor, dio una risa maliciosa, y tardó en activar el botón que con una fuerza mecánica abre la puerta de bajada.

Me asusté, y caminé sin voltear.

Afortunadamente había tráfico.

Donde quedo esa fuerza que tengo cuando escuchó agonías atroces.

Pero... mi imagen dice mucho.


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Neko

Neko
Me fascinan los gatos. Pueden soportar más que un ser humano. Independientes. Solitarios, en su caso cariñosos.

Esa soy yo