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sábado, 9 de marzo de 2013

Ebineyland

Escribí el título justamente como él lo escribió.

Sus dibujos me gustan, son como llevarte a un mundo mágico cada vez que lo vez, a veces me alegra verlo, ya sea en mi computadora o simplemente en mi mente. A veces me asombro cuando él contesta mis preguntas, o incluso lo que escribo. El traductor de un buscador muy famoso (nombre del número más grande), le ayuda a descubrir que es lo que dice mis jeroglíficos, sí, hablo de Toshio Ebine.

Sinceramente me sorprende que me conteste, creí que sería como cualquier artista que sólo intercambia ciertas palabras con desconocidos. Pero el no es cualquier artista.

Aquellos cuadros que observo detalladamente me sumergen en un olvido de mi alter-ego. Olvido que tengo que hacer mis planeación para clase, de los conflictos políticos de mi escuela, de mi familia, de la ciudad.


Y me hace pensar cosas como: si hubiese elegido el IPN (no hubiese huido), si en verdad hubiese rogado quedarme, si hubiese elegido ser artista (no los que salen en televisión si no parecido a Ebine o Susan). Mucha gente me ha dicho: "ve, vete a bailar, deja la escuela y se bailarina", "la verdad cuando te conocí te vi cara como de artista plástica", "a veces creo que te equivocaste de vocación lo tuyo es la pintura". 

A veces me siento bien cuando escucho eso, pero para ser bailarina, se necesitan mucho años yo sólo llevo unos pocos, artista plástica fue mi primera opción cuando era pequeña ( a la par con pediatra, sólo que nunca le dije a nadie que me gustaría ser artista plástica, además no tengo tanta imaginación), ¿pintura? Bueno, creo que sólo dibujo como cualquiera dibuja, algo que no se es pintar, así que no creo.

"Era un árbol, le molestaba que en ciertas épocas del año se quedara sin hojas, se sentía desprotegido. El viento podría frío podría penetrar hasta el interior de su tronco. Podía ver lentamente como cada una de sus hojas caía, el árbol lloraba. Los humanos llamaron a sus lágrimas resina, dolía cada vez que le arrancaban una de ellas.

Le era difícil expresar su tristeza, las lágrimas dolían cuando salían, pero ella quería llorar, ese era su castigo. No era lo suficiente fuerte como para mantener sus hojas siempre verdes, siempre fuertes de aquellas ramitas tiernas.

Le gustaba cuando llegaba aquella época en que los nuevos retoños se asomaban, y crecían ferozmente.

Así era su ciclo, así era su vida. 

Pero siempre hubo algo que se preguntaba, "¿Cuándo podré tocarlas?¿Cuándo podré moverme?"

Sólo podía ver a las hojas inertes volar por el espacio, mientras el viento se divertía con ellas.


Imagen: Toshio Ebine
Su última pregunta que se hizo fue: ¿Cuándo podré volar como ellos?.... Supongo que cuando muera. "

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Neko

Neko
Me fascinan los gatos. Pueden soportar más que un ser humano. Independientes. Solitarios, en su caso cariñosos.

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