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jueves, 14 de marzo de 2013

Avecillas

A veces creo que soy tan dramática.

Cuando siento dolor, sólo quiero rasgarlo, como si fuera una avecilla atrapada y me dañara. Sólo quiero que mi dolor sea libre.

Las aves siempre serán libres al menos que les corten las alas.

Entonces, decido enfrentarlo, así como los caballeros de armaduras un poco oxidadas se enfrentan a los Bárbaros.

Comienza el trance. El momento en que piensas que prefieres estar muerta para ya no sentirlo, para evadirlo, y  jamás, en tu estúpida vida volver a sentir algo parecido. Lloras. Tu mente llama todos los nombres que puede recordar. Obvio nadie viene. Mientras, tus uñas se entierran en tu piel, tus yemas rasguñan cada parte de tu dermis, quieres arracancarlo. Tu otra mano se sujeta de cualquier otro objeto, como si quieras absorber su vacío, su capacidad de no tener sensaciones.

A veces uno decide estar vacía. Así, (quizás) ya no duele.

Imaginas. Muchas avecillas, por dentro, una tras otra, picado, rasgando, asesinando. Un dolor tras otro. ¿Cuando aves tienes encerradas en tu interior?

¿Cuántas veces ha dejado volar una?

Lo justifico, las aves, son aquellos sueños que yo no he volado.


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Neko

Neko
Me fascinan los gatos. Pueden soportar más que un ser humano. Independientes. Solitarios, en su caso cariñosos.

Esa soy yo