De mientras observaba como las hojas caían. Aún es Primavera. No vale la pena verlas caer.
La serotonina no está haciendo su misión, y sólo veo como las plumas de mi cabello caen lentamente, se amputan mis alas.
Y como, como, llenando el vacío.
Veo a los profesores marchar. Mi piel se torna rojizo oscuro. Grito como si fuese la última vez. Aunque no sea lo que yo quiero gritar.
Grito, y grito más fuerte, siento como mi garganta se cierra y comienzo a toser. Un profesor me da un megáfono, y sigo gritando más fuerte, que todos me escuchen.
Después, voy a un lugar donde discuto, sin repudio me escucharon, no la palabras que quería decir, pero escucharon.
Conversar.
¡Feliz día de profesor! Quizás futura profesora. Sin acabar en un cuarto con paredes acolchonadas.

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