Lo sueños, son una gran negocio. Te venden en la televisión, en el internet y hasta tu propia familia te los vende.
Puedes intercambiarlos como si fueran un trueque, alimentarlos como si fueran animales salvajes hambrientos, incluso ser tu propio mundo.
La última vez que mi sueños se rompieron fueron hace un año y medio. Todo lo que había construido tabique por tabique se vino a abajo. Los sueños son tan frágiles que con el mínimo golpe se caen, se derrumban con un gran Tsunami en tu mente. Junto aquel derrumbamiento caigo yo.
La insomnia enemiga del sueño, compañeras inseparables, siempre estarán ahí con su mejor amiga la pesadilla.
Últimamente le he perdido sabor al sueño. No encuentro su dulce melodía. Ni mucho menos su suave aroma.
Lo único que puedo hacer es soñar despierta. Colgandome de los sueños de los demás. Mis propios sueños son más que una nefasta virtualidad. Recojo sueños de donde sea, ¿Me regalas tu sueño?
Quiero ver al vendedor de sueños, me hace mucha falta.

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